29 ene. 2011

COAGULACIÓN


Llevaba años dormido, su alma no sentía, su espíritu vagaba sin que nada lo sorprendiera.
Las mismas conversaciones, los mismos lugares que antes frecuentaba con ella. Bebía solo y dormía durante todo el día.
Llevaba tres años sin trabajar y su depresión se había convertido en una forma de vida.
Sus amigos artos de intentar animarlo empezaron a desistir y un día, ya no habían mensajes en su contestador. Esto no le afecto. Ya se sentía solo desde que ella se fue. ¿Qué importancia tenía estarlo verdaderamente?
La ropa permanecía intacta en el armario, sus camisas, sus vestidos...
Su tocador estaba idéntico a como ella lo dejó, el peine aun guardaba algunos cabellos. Tan solo cambiaba el frasco de perfume gastado por uno nuevo, ya que rociaba con el la casa, su ropa y la cama, todos los días.
Al acostarse, imaginaba que ella había salido ha hacer una guardia en mitad de la noche y que después volvería como siempre con los pies congelados y los pegaría a sus piernas para calentarlos.
Vivía una mentira, pero esa mentira era lo único que hacía que no abandonase este mundo.

Hacía comida para dos, ponía la mesa para dos y servía dos platos. Uno enfrente del otro. Apartaba la silla de la mesa, dejando un hueco para su invisible compañera. Comía sin hambre, cuando terminaba recogía su plato y vaciaba el otro en la basura.
Sabía que para muchos estaba loco, que miles de psicoanalistas pagarían por analizarlo, pero nunca le gustaron sus compañeros de profesión.
El sabía bien que tenía que hacer, cuales eran los pasos a seguir para superar la pérdida y por esto mismo, evitaba cualquier mejoría. No compraba ropa nueva y mucho menos se relacionaba con nadie. No lloraba por miedo a que todo el dolor se desvaneciese con las lágrimas.
Su herida permanecía abierta y desbordaba sangre continuamente, sin posibilidad de coagulación. Nunca habría una cicatriz que recordar, porque nunca sanaría. Hasta el día de su muerte, cuando sea olvidado sin dejar heridas, sin huellas. Su epitafio, será el más bello recuerdo de la gente que lo conoció.

23 ene. 2011

En tus oídos

Era de noche.Una noche de verano. El aire que entraba por las ventanas era caliente, pero al contraste con la temperatura de la habitación, parecía refrescar.
Había estado todo el día andando por la ciudad de un lado a otro, recogiendo encargos, haciendo recados y solucionando algunos asuntos sin importancia. Se sentía vacía y aunque su día había sido muy ajetreado, no había hecho nada importante, nada que realmente le apeteciese.
El sudor pegajoso la hacía sentirse sucia. Sabía que no lo estaba, puesto que esa mañana antes de salir, se había dado una ducha.
Entró en el cuarto de baño y encendió el grifo. El agua estaba demasiado caliente, lo ajustó para que saliera a una temperatura agradable. Se desnudó poco a poco, se detuvo frente al espejo y observó su cuerpo desnudo.
El agua se deslizaba por su pelo y caía en su espalda como una cascada.
Aplico el jabón y el olor mezclado con el vaho, invadió el baño. La espuma se deslizaba suavemente entre sus dedos. Agarró un poco y formó una figura, parecía un pequeño pastel de nata. Se enjuagó y aunque el agua era clara, permaneció unos minutos mas debajo del chorro. Todo enmudecía y sus pensamientos parecían tener un sonido más rotundo, un volumen más elevado.
Cerró el grifo poco a poco, casi acariciándolo. Salió de la ducha, el agua que resbalaba de su cuerpo, formaba un charco a sus pies. Movió los dedos hacia arriba, que al caer de nuevo en el suelo chapotearon.
Con el pelo aun mojado y desnuda, se tumbó en la cama. Dio la vuelta sobre si misma y se percató de que había entrado agua en sus oídos. Esto producía un sonido molesto y persistente, con cada pequeño movimiento. Se mantuvo estática para no escucharlo.
Cuando lo había olvidado, sumergida en sus pensamientos, volvió a cambiar de posición y el agua de los oídos volvió a sonar, pero entonces se sentía bien, el ruido ya no la molestaba, la ensordecía y esa sensación la hacía sentirse evadida por segundos de la realidad.
Permaneció en la cama durante mucho tiempo. Su pelo ya estaba casi seco y su cuerpo ardía de nuevo.
Se levantó. Tenía hambre. Al incorporarse, el agua se deslizó por sus oídos hasta salir y humedecer el exterior de sus orejas. La realidad, le dio una bofetada y los sonidos externos volvieron a perturbar su tranquilidad.
Comió un plato de spaghetti y se volvió a duchar. Quería que el agua entrase de nuevo en sus oídos.

16 ene. 2011

TRANSICIÓN


No podemos y no debemos cerrar los ojos, ignorando las injusticias cometidas por tantos herejes en el transcurso de los años y en nuestra sociedad actual.
Reventado farolas y quemando contenedores, no lograremos aplacar el dolor de aquellos que sufrieron en una transición, tan llena de libertades utópicas, como de miedos.
Nuestros abuelos, tíos, se manifestaron en pos de un sueño. Todos somos conscientes de ello.
Nuestro país no olvida los cuarenta años de represión, de cárceles y de muertes inocentes.
Nuestra generación, es afortunada por tener esta realidad. Una rosa con espinas.
En muchas casas aun se venera la injusticia, la intolerancia y la represión. En otras muchas, los recuerdos son dolorosos y se suspira mirando a unos hijos, que con pantalones rasgados se manifiestan en defensa de unas leyes, unos derechos, una lengua y unas libertades.
Los padres ya no temen que sus hijos no vuelvan de estas manifestaciones y esa tranquilidad, no es entendida por ningún joven.
Ahora, tampoco nos confundamos, pues no todo es quejarse y rebeldía. No todos saben lo que defienden y por el simple echo de ser diferente, ignoran todo lo que nuestro país sufrió para llegar hasta donde estamos. Tantas lágrimas, tantos silencios impuestos y tantas corrupciones llenas de oscuridad. Miles de perdones son los que aguardan aun muchos hogares.
1975, fue un gran año para empezar a soñar con la libertad, que ahora es una realidad cambiante.

¡Hijos de la libertad, hijos de los sueños rotos, levantaos de las tumbas y clamad el perdón que se os ha negado!
¡No más nazis! ¡no más fascistas! ¡no más represiones! ¡no más muertes por un miedo infundado!
Demos gracias porque el cielo, hoy no es gris.

TOOOOOOOMA!!!


Derretirme como un hielo al rozar tus cálidos labios. Deslizarme como el agua bajando por tu barbilla. Viajar por tu cuello, hasta llegar a tu pecho. Besarte. Recorrer tus costillas con mi boca, deteniéndome y perdiendo fuerza en tu ombligo, para conseguir avanzar por tu pubis y morir en tu miembro, terso y duro, ardiente y sexual. Besarte donde la humedad prevalece. Seguir hasta que el placer te invada de tal forma, que no puedas contener el impulso de apretar mi pelo entre tus dedos y estirar de el, sintiendo un poder que te hace el rey de la excitación.

Morirás en mis brazos, que aprietan tus nalgas y tu espalda, dejando rojeces al aflojarlos.

8 ene. 2011

Café...


Se sentó. Respiró profundamente notando como sus fosas nasales se abrían, sintiendo incluso una ligera presión en las sienes. Se las toco con los dedos índices, haciendo un suave movimiento en circulo. Dio otro trago al café. Sintió su amargor en el paladar y el dulzor del azúcar en su garganta. Le gustaba el café. Desde que dormir era una utopía había recurrido a el para no parecer un zombie por las mañanas, pero odiaba la teoría de que dejaba los dientes amarillos, por eso después de cada taza, lavaba con sumo cuidado su dentadura y se aseguraba mirándose en el espejo de que el color blanco no perdía ni un ápice de intensidad, de que no se estaban poniendo amarillos como el limón, como el ocre o como las hojas de un libro viejo. No quería parecer un libro viejo y desusado, quería parecer un bets-seller. En el fondo, sabia que era un viejo libro, en una vieja estantería, lleno de polvo que nadie limpiaba, porque a nadie le interesaba el titulo de la solapa.
Volvió en si. Paso la lengua por sus dientes, deteniéndose en cada pequeño surco. Trago saliva y dejo el cepillo de dientes en el vaso junto al dentífrico.