23 mar. 2010

Conexion nº1


Erase una vez un hombre solitario y gris que vagaba por un mundo en ruinas. El sol quemaba su piel, hasta las lágrimas se le secaban en los ojos. Decidió sacárselos y ponerse dos piedras a cambio. Se cegó. Pensó que sería un sueño utópico, encerrado en su mente para siempre. Empezó a caminar y comprendió que no necesitaba su brazo izquierdo, deformado por el demonio que emanaba de él.
No podía, aún así no cejaba en su empeño, cuanto mas sabía que no podía más lo intentaba. Miró dentro de su corazón y encontró un rayo de luz que le habló, aunque le parecía que no moviera su boca, podía escucharle, y le dijo: "Nunca sabrás la verdad" y se retiró andando lentamente bajo la densa niebla. Sintió una presencia, como si una mano helada le tocara el hombro, como si su pasado le escupiera en la cara todos sus errores cometidos. Los comparó con la humanidad y le pareció un grano de arena. La muerte enmudeció, ante la burla de su oponente, que se rió a carcajadas. Su risa resonó en el vacío y estremeció hasta la tierra que pisaba. Su luz se había apagado, su alma flotaba, las drogas consumidas durante la guerra no le dejaron indiferente, ellas lo contemplaron como se contempla a un dios, sintieron admiración y pavor al mismo tiempo. Tiritaba descontrolado, sudaba y susurraba constantemente las mismas palabras: "Camina hacia las sombras, perteneces a ellas"